‘Historias del buen Valle’ de José Luis Guerín (6 de febrero, 2026)

‘Historias del buen Valle’ de José Luis Guerín (6 de febrero, 2026)
Cartel oficial de la película: ‘Historias del buen Valle’ de José Luis Guerín (6 de febrero, 2026)

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Historias del buen Valle (Documental / Drama)

Un mosaico de relatos entrelazados que captura la esencia de la vida rural en un valle aislado, donde el paso del tiempo parece detenerse frente a la inminente llegada de la modernidad.


Director: José Luis Guerín

José Luis Guerín nació en 1960 en Barcelona, España, y posee la nacionalidad española. Es una de las figuras más singulares y respetadas del cine de autor europeo, conocido por un estilo que difumina las fronteras entre el documental y la ficción. Su carrera está marcada por la observación minuciosa y una profunda sensibilidad poética, alcanzando el reconocimiento internacional con obras maestras como En construcción, por la que ganó el Premio Goya a Mejor Película Documental y el Premio Especial del Jurado en San Sebastián. A lo largo de su trayectoria, ha sido galardonado con el Premio Nacional de Cinematografía y ha participado en los festivales más prestigiosos del mundo, como Venecia, Locarno y Cannes. Su cine es un ejercicio de resistencia ante la velocidad del mundo contemporáneo, consolidándolo como un maestro de la imagen y la memoria que explora la relación entre las personas y el espacio que habitan.


Sinopsis

Fiel a su estilo contemplativo, Guerín nos sumerge en la cotidianidad de un valle remoto que sobrevive como un refugio de tradiciones ancestrales y ritmos pausados. La película se construye a través de una serie de viñetas que retratan a sus habitantes: desde el último pastor que recorre las cumbres hasta las conversaciones silenciosas en el umbral de las casas de piedra. A medida que la cámara recorre los paisajes brumosos y los rostros marcados por el clima, emerge una narrativa sobre la pertenencia y la pérdida de un modo de vida que agoniza ante el avance del mundo exterior. Sin recurrir a artificios, el director captura la magia de lo cotidiano, transformando anécdotas locales en reflexiones universales sobre la identidad y el arraigo. La obra es un tributo a la paciencia y a la belleza de lo pequeño, funcionando como un testimonio visual de una armonía con la naturaleza que se desvanece lentamente en el horizonte de la historia.